29. August 2026
Antonio García Carrión: el alumno de Manuel Caballero que pintó el Zaporito
La trayectoria de Antonio García Carrión, conocido artísticamente como Azul Carrión, refleja una transición desde su labor en Airbus hacia la pintura tras formarse durante una década en el taller de Manuel Caballero. El artista isleño busca ahora profundizar en el lenguaje del surrealismo, inspirándose en los paisajes cotidianos de la Bahía de Cádiz.

Azul Carrión es el nombre artístico con el que se da a conocer Antonio García Carrión, un gaditano afincado en San Fernando que siempre tuvo el dibujo orbitando a su alrededor, aunque tardara años en descubrir que la pintura acabaría ocupando un lugar esencial en su vida.Durante décadas, su día a día estuvo marcado por su trabajo en Airbus. El trabajo es lo que uno realiza para ganarse el jornal; la pasión es otra cosa.El origen de una pasión por accidenteAunque desde pequeño estuvo interesado por la pintura como pasatiempo, fue un rechazo casual lo que hizo que se convirtiera en su nueva forma de vida. Antonio quiso regalarle a su mujer un caballete, una caja de pinturas y unos lienzos. Ella dejó a entender que le gustaban más las manualidades. "Entonces, como a mí me gustaba el dibujo, lo cogí y empecé yo a gastar los lienzos que tenía", explica marcando el inicio de su pasión.Aquellos primeros pasos lo llevaron hasta la plaza de San Antonio, en Cádiz, donde comenzó a recibir sus primeras clases de pintura. Allí permaneció seis años trabajando el pastel hasta que decidió regresar a San Fernando.Diez años junto al maestro Manuel CaballeroA su vuelta, Antonio buscó continuar su formación y terminó incorporándose al taller de Manuel Caballero, uno de los nombres propios de la pintura de La Isla y de la creación artística gaditana.Para Antonio fueron "diez años de aprendizaje junto a un pintor de marcada personalidad artística", una etapa que acabaría definiendo buena parte de su posterior relación con el lienzo. En aquel taller fue adquiriendo conocimientos sobre las técnicas del óleo y acercándose a una manera de entender la pintura que dejaría una huella profunda en su obra.El camino hacia el surrealismoLa influencia fue especialmente importante en el terreno del surrealismo. "Mi maestro fue surrealista y eso me lo inoculó en las venas", explica. Una afirmación que ayuda a entender por qué, después de años alternando paisajes y arquitectura, su próximo objetivo sea profundizar en el surrealismo, el lenguaje pictórico que siente más cercano.De las clases a exponer sus propios cuadrosLa formación fue dando paso a las exposiciones. Participó en una colectiva con Caballero, estuvo varios años en el Salón de Otoño del museo de San Fernando y en 2022 presentó su obra en Zahara con un gran éxito de público.No obstante, Antonio nunca ha entendido la pintura únicamente como una vía para mostrar o vender su obra. "Yo pinto para mí", afirma. "Yo pinto lo que a mí me inspira, lo que me emociona, lo que yo quiero".Pintar sin mirar el relojAhora, la prejubilación le ha permitido cambiar también su relación con el tiempo. Ya no tiene prisa y trabaja desde un pequeño rincón de su casa con un caballete iluminado por una ventana.Antonio encuentra su inspiración caminando. En San Fernando y otros lugares de la Bahía, una imagen cotidiana se convierte en materia artística: una barca, un poste clavado en el agua o las formas que descubre en el Zaporito."Ya me quiero meter un poquito más en el surrealismo, dejar un poquito las pinturas de paisajes y de estas cosas y de arquitectura y meterme un poquito más en el surrealismo, que es lo que en realidad me llega", concluye el artista. La pintura comenzó como una vocación descubierta casi por accidente y hoy se ha vuelto imprescindible: "Esto es como una droga. Y ya no puedes vivir sin ella".(Artículo original publicado por Alejandro Zapata)
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