Un cuadro cobra vida cuando encuentra su lugar en un hogar.
En esta ocasión, mi interpretación de la Catedral de Cádiz ocupa un rincón muy especial. Los tonos cálidos del fondo combinan con la madera del mobiliario, mientras que el azul del mar aporta luz y contraste al ambiente.
Siempre me gusta ver cómo cada obra cambia según el espacio en el que se coloca. Al final, un cuadro no solo decora una pared, sino que forma parte de la personalidad de la casa.
¿Tú dónde colocarías esta pintura?
